Valle de Bravo fue fundada en 1530 por franciscanos españoles con el nombre de San Francisco del Valle de Temascaltepec. La ciudad colonial prosperó como centro comercial de la región minera de Temascaltepec, y su arquitectura de paredes blancas y tejados rojos aún refleja su legado colonial español.
En el siglo XX, la construcción de la presa Colorines en los años 40–50 creó el lago artificial Avándaro — transformando radicalmente la región. El lago de 18 km² se convirtió en la pieza central de la ciudad, atrayendo clubes náuticos, hoteles de lujo y residencias de fin de semana para familias acomodadas de la Ciudad de México.
En los años 70–80, Valle de Bravo se consolidó como un destino de vela de primer nivel en México. Luego, en los años 90–2000, sus excepcionales termales atrajeron a pilotos de parapente de todo el mundo. La ciudad ha albergado varios pre-mundiales y competencias internacionales de parapente, consolidando su reputación mundial.
Designado Pueblo Mágico en 2005, Valle de Bravo es hoy una de las escapadas de fin de semana más buscadas desde CDMX — una mezcla única de deportes de aventura, cultura colonial, gastronomía lacustre y vida al aire libre.